Visitar Hakone desde Tokio pasando una noche#
Hakone es una de las escapadas más populares desde Tokio, y con razón. En apenas hora y media puedes pasar de la inmensidad de la capital japonesa a un paisaje de montañas, lagos volcánicos y aguas termales. Nosotros fuimos en invierno y pasamos una noche allí, y fue una gran experiencia. Aquí os contamos cómo organizarlo.
Cómo llegar desde Tokio#
Hay varias formas de llegar a Hakone desde Tokio, pero la más cómoda y pintoresca es sin duda el tren de Odakyu, un tren exprés limitado que sale desde la estación de Shinjuku y llega directamente a Hakone-Yumoto (la puerta de entrada a Hakone) en aproximadamente 80-85 minutos, sin necesidad de hacer ningún transbordo. Todos los asientos son reservados.
Si disponéis de un Japan Rail Pass, otra buena opción es tomar el shinkansen Tokaido desde Tokio o Shinagawa hasta Odawara (unos 30-35 minutos) y desde allí hacer un transbordo al tren local de la línea Hakone-Tozan hasta Hakone-Yumoto (15 minutos más). El JR Pass cubre los trenes Hikari y Kodama que paran en Odawara, así que el trayecto os sale incluido.
Una recomendación importante: merece la pena comprar el Hakone Free Pass. Este pase cubre prácticamente todos los transportes dentro de Hakone (tren de montaña, teleférico, barco pirata, autobuses). Es un ahorro considerable y os simplifica muchísimo la logística.
Qué hacer en Hakone#
Owakudani: el Valle del Gran Hervor#
La primera parada imprescindible es Owakudani, uno de los paisajes más impactantes que hemos visto en Japón. Se trata de un valle volcánico activo que se formó hace unos 3.000 años tras la última erupción del Monte Hakone. El nombre significa literalmente “el Valle del Gran Hervor”, aunque antiguamente los lugareños lo conocían como Jigokudani (“Valle del Infierno”), un nombre que le cambiaron en 1876 antes de una visita del emperador Meiji, porque sonaba demasiado siniestro.
Para llegar se toma el Hakone Ropeway (teleférico) desde la estación de Sōunzan. El trayecto en teleférico ya es una experiencia en sí mismo: las cabinas sobrevuelan las montañas y, de repente, el paisaje verde se transforma en un terreno desolado lleno de fumarolas humeantes y rocas teñidas de azufre. En los días despejados de invierno, el Monte Fuji aparece al fondo con su cima nevada.
Una vez arriba, lo obligado es probar los famosos huevos negros (kuro-tamago). Son huevos de gallina normales que se cuecen en las aguas sulfurosas de las fuentes termales, lo que provoca una reacción química que tiñe la cáscara de un negro intenso. Por dentro el huevo es completamente normal. Se venden en bolsitas y es gracioso comerlos allí mismo, rodeados de vapor volcánico.
También visitamos el Hakone Geo Museum (Owakudani Volcano at Hakone GeoMuseum), un pequeño museo situado junto a la estación del teleférico que explica de forma muy didáctica la historia volcánica de Hakone. Con maquetas del terreno, paneles informativos, muestras de rocas y azufre, y vídeos, se entiende muy bien cómo se formó todo este paisaje y por qué sigue tan activo.




El crucero por el lago Ashi#
Desde Owakudani, el teleférico continúa hasta Togendai, a orillas del lago Ashi (Ashinoko), un lago de origen volcánico enclavado en la caldera de Hakone. Aquí embarcamos en el crucero panorámico, que se hace a bordo de unos curiosos barcos con aspecto de galeones piratas. Sí, suena turístico, pero la experiencia merece la pena.
El trayecto dura entre 25 y 40 minutos dependiendo del recorrido, y las vistas desde la cubierta son preciosas: las montañas rodeando el lago, los bosques de cedros bajando hasta la orilla y, si el tiempo acompaña, el Monte Fuji asomando al fondo. En invierno, con el aire frío y limpio, la visibilidad suele ser especialmente buena.
Uno de los momentos más bonitos del crucero es cuando el barco pasa junto al torii rojo del santuario de Hakone (Heiwa no Torii), que se alza directamente sobre las aguas del lago. Es una de las imágenes más fotografiadas de todo Hakone.
Hakone-jinja (Santuario de Hakone)#
Nos bajamos del barco en Moto-Hakone para visitar el santuario de Hakone (Hakone-jinja). Fundado en el año 757, durante el periodo Nara, este santuario está dedicado a tres divinidades conocidas colectivamente como Hakone-no-Okami. Históricamente fue un lugar muy importante para los viajeros que cruzaban las montañas de Hakone por la antigua ruta del Tōkaidō.
El santuario está situado entre cedros enormes y centenarios, y se accede por una escalinata de piedra cubierta de musgo con faroles a ambos lados. El ambiente es de una serenidad total, muy distinto al bullicio del crucero. Merece la pena bajar hasta la orilla del lago para ver de cerca el famoso torii rojo sobre el agua.


Una noche en un ryokan con onsen#
Para nosotros, el broche perfecto del día fue alojarnos en un ryokan, un hotel tradicional japonés con onsen (baños termales). Hakone es una de las zonas de aguas termales más importantes de Japón, alimentada directamente por la actividad volcánica que habíamos visto en Owakudani.
La experiencia de un ryokan es divertida y conviene probar al menos una vez en la vida. En invierno, sumergirte en el agua caliente al aire libre mientras sientes el frío en la cara es una sensación inolvidable, sobre todo porque el agua del onsen está muy caliente.
