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Takayama bajo la nieve: un rincón de los Alpes japoneses

Takayama bajo la nieve: un rincón de los Alpes japoneses
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Takayama fue una de las sorpresas más bonitas de nuestro viaje a Japón. Enclavada en las montañas de los Alpes japoneses, en la prefectura de Gifu, esta pequeña ciudad conserva un casco antiguo que parece haberse congelado en el tiempo. Nosotros la visitamos en invierno, a principios de enero, y nevó prácticamente todo el día. El resultado fue un escenario absolutamente mágico: calles de madera oscura cubiertas de blanco, tejados nevados y un silencio que solo rompían nuestros pasos sobre la nieve fresca.

Nuestra intención era quedarnos dos noches, pero al viajar en época navideña (Año Nuevo es la festividad más importante en Japón y mucha gente viaja) solo pudimos encontrar alojamiento para una noche. Así que tuvimos un solo día completo para explorar Takayama, y aun así nos dio tiempo a ver mucho. Si podéis, os recomendamos quedaros al menos dos noches para disfrutarla con calma.


Dónde está y cómo llegar desde Kioto
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Takayama se encuentra en el corazón de la isla de Honshu, en una zona montañosa que históricamente estuvo bastante aislada del resto de Japón. Precisamente ese aislamiento es lo que permitió que la ciudad desarrollara una cultura propia muy marcada a lo largo de varios siglos.

Desde Kioto, la forma más habitual de llegar es en tren, haciendo un transbordo en Nagoya. Se toma el shinkansen Tokaido desde Kioto hasta Nagoya (unos 35 minutos en un Nozomi) y allí se cambia al Limited Express Hida, un tren exprés que recorre la línea JR Takayama atravesando un paisaje de montaña precioso durante aproximadamente 2 horas y 30 minutos. En total, el viaje desde Kioto dura unas 3 horas y media a 4 horas.

También existe un autobús directo desde Kioto (salida de la estación de Kioto, lado Hachijo) operado por Nohi Bus y Kintetsu Bus, que tarda unas 4 horas y media y es una opción algo más económica. Los autobuses salen un par de veces al día, así que conviene reservar con antelación.


Qué hacer en un día
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El casco antiguo: Sanmachi Suji
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El gran atractivo de Takayama es su casco antiguo, conocido como Sanmachi Suji, uno de los barrios históricos mejor conservados de todo Japón. Se trata de un conjunto de tres calles estrechas flanqueadas por casas de madera oscura con ventanas de celosía, cortinas noren y tejados tradicionales. Muchas de estas construcciones datan de los siglos XVII al XIX, cuando Takayama era una próspera ciudad de comerciantes y artesanos.

La historia de este barrio está ligada al periodo Edo (1603-1868). Takayama había sido una ciudad castillo fundada a finales del siglo XVI por el señor feudal Kanamori Nagachika, que sentía una profunda admiración por Kioto y quiso recrear parte de su esplendor en estas montañas. En 1692, por la riqueza de sus recursos madereros y la fama de sus carpinteros, la zona fue puesta bajo el control directo del shogunato Tokugawa, que gobernó la región desde Edo (Tokio). Ese largo periodo de prosperidad es el que dejó la huella arquitectónica que vemos hoy, y de hecho a Takayama se la conoce como la “pequeña Kioto” de la región de Hida.

Pasear por Sanmachi Suji bajo la nieve fue una experiencia inolvidable. Las calles estaban tranquilas, con algunas tiendas tradicionales abiertas y el aroma del sake flotando en el aire frío. El barrio alberga varias cervecerías de sake centenarias (reconocibles por las bolas de ramas de cedro colgadas en sus fachadas) donde se pueden hacer degustaciones. También hay pequeñas tiendas de artesanía, cafeterías y puestos de comida callejera donde probar los famosos brochetas de ternera Hida y los mitarashi dango (bolitas de arroz con salsa dulce de soja).

Los puentes sobre el río Miyagawa
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El río Miyagawa separa el casco antiguo del resto de la ciudad, y cruzar alguno de sus puentes es parte del encanto de pasear por Takayama. El más conocido es el Nakabashi, un puente rojo que resulta muy fotogénico, especialmente con la nieve posada sobre su barandilla. Desde los puentes se tienen unas vistas bonitas del río con las montañas al fondo y las casas tradicionales a ambos lados.

Hida Kokubunji
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Muy cerca de la estación, a solo cinco minutos andando, se encuentra el Hida Kokubunji, el templo más antiguo de Takayama. Fue fundado en el año 746 por orden del emperador Shōmu, dentro de un programa nacional para establecer templos budistas provinciales (kokubunji) en cada región de Japón, con el fin de promover el budismo y la estabilidad del país tras una grave epidemia de viruela.

El recinto alberga la única pagoda de tres pisos de toda la región de Hida, una estructura de madera de 22 metros reconstruida en 1820 tras varios incendios a lo largo de los siglos. También destaca un impresionante ginkgo de más de 1.250 años de antigüedad, un auténtico monumento vivo que en otoño se tiñe de un amarillo espectacular. El edificio principal (hondō) data del periodo Muromachi (siglo XV) y es la construcción más antigua de la ciudad, declarada Bien Cultural Nacional. Una visita corta pero cargada de historia.

El mercado matinal (Asaichi)
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Takayama es famosa por sus mercados matinales, una tradición que se remonta a más de 300 años. Hay dos mercados: el de Miyagawa, a la orilla del río, y el de Jinya-mae, frente al antiguo edificio del gobierno. Nosotros visitamos el mercado por la mañana y, a pesar del frío invernal, encontramos puestos vendiendo verduras de temporada, encurtidos caseros, artesanía local y pequeños snacks calientes. Es una forma estupenda de empezar el día y sentir el pulso de la vida local.

Los templos de Higashiyama
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Por la tarde nos adentramos en la ruta de Higashiyama, un recorrido a pie de unos 3,5 kilómetros que atraviesa el barrio de los templos situado en las colinas del este de la ciudad. Este paseo tiene una historia interesante: fue el propio Kanamori Nagachika, el señor feudal que fundó la ciudad castillo en el siglo XVI, quien mandó trasladar y construir numerosos templos en esta zona oriental, imitando el famoso barrio de Higashiyama de Kioto, al que tanto admiraba.

El recorrido pasa por más de una docena de templos y santuarios, cada uno con su propio carácter: algunos son grandes y ornamentados, otros son pequeños y austeros, rodeados de cedros centenarios y caminos empedrados cubiertos de musgo. Bajo la nieve, el ambiente era de una serenidad absoluta. No nos cruzamos prácticamente con nadie y pudimos disfrutar de los templos en completa tranquilidad. Es una cara de Takayama mucho menos turística que Sanmachi Suji, pero igual de hermosa.

Hay carteles informativos en varios idiomas que explican la historia de cada templo a lo largo del recorrido, lo que hace que sea un paseo muy enriquecedor aunque se haga por libre, sin guía.

Una noche en un minshuku
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Para dormir nos alojamos en un minshuku, que es la versión más humilde y familiar de un alojamiento tradicional japonés. Si el ryokan es el equivalente a una posada de lujo, el minshuku vendría a ser algo parecido a una casa de huéspedes o un bed & breakfast japonés. Son establecimientos pequeños, normalmente regentados por una familia local, en edificios antiguos de madera con habitaciones de tatami donde uno mismo extiende su futón para dormir.

La experiencia es más sencilla e informal que en un ryokan, pero también más auténtica y cercana. Los baños suelen ser compartidos, la decoración es modesta y el servicio menos protocolar, pero la calidez del trato y la comida casera compensan con creces. En muchos minshuku los propios dueños cultivan parte de las verduras que sirven en la cena y el desayuno. Es una forma fantástica de experimentar cómo vive la gente local, a un precio mucho más asequible que un ryokan. Lo único que hay que tener en cuenta es que las habitaciones son bastante básicas y no siempre tienen cerradura, algo habitual en el Japón más tradicional.

En Takayama hay tanto minshukus como ryokans, y la zona es especialmente conocida por sus alojamientos tradicionales. Eso sí, si viajáis en temporada alta — como fue nuestro caso a principios de enero — reservad con toda la antelación posible. Nosotros quisimos quedarnos dos noches y solo pudimos encontrar una porque todo estaba completo.

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