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Qué hacer en Kyoto en 5 días

Kyoto es una de las ciudades más fascinantes de Japón y sin duda una parada imprescindible en cualquier viaje al país del sol naciente. En este artículo os explicaremos que hicimos en dicha ciudad en cinco días.

Kyoto fue capital imperial durante más de mil años y todavía conserva un patrimonio cultural único: más de 1.600 templos, santuarios y jardines repartidos por toda la ciudad. No es casualidad que aquí se concentren tantos templos: al haber sido el centro político y espiritual de Japón durante siglos, las familias nobles y los diferentes shogunes financiaron la construcción de numerosos complejos religiosos que hoy forman parte del legado histórico del país.

Hemos visitado la ciudad de Kyoto en dos ocasiones: en verano y en invierno. En ambos viajes pasamos cinco días en Kyoto, y aquí os contamos qué hicimos.

Cómo moverse por Kyoto
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La mayoría de los viajeros llegan a la ciudad a través de la Estación de Kyoto, un enorme complejo que no es solo un nudo ferroviario, sino también un centro comercial con restaurantes, tiendas y hoteles. Desde aquí parten prácticamente todos los transportes locales: trenes, metro, autobuses urbanos e interurbanos.

La red de autobuses urbanos es uno de los medios más prácticos para moverse por la ciudad, ya que muchas de las principales atracciones turísticas (como Kinkakuji o Gion) no tienen estación de metro cercana. La estación central de autobuses está justo delante de la estación de tren (salida norte – Karasuma). 

El metro de Kyoto tiene solo dos líneas principales (Karasuma y Tozai), pero resulta útil para desplazarse rápidamente entre zonas clave de la ciudad. Además, la estación conecta con líneas de tren JR y privadas que llevan a barrios más alejados o a excursiones cercanas.

Tarjeta Pasmo
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La forma más cómoda de pagar en todos estos transportes es usando la tarjeta recargable Pasmo (o su equivalente, Suica). Con ella puedes acceder a autobuses, metro y trenes locales simplemente tocando la tarjeta al entrar y salir. Se recarga fácilmente en máquinas expendedoras  o directamente desde el móvil en la versión digital y evita tener que comprar billetes individuales.

Otra opción muy recomendable para recorrer la ciudad es el alquiler de bicicletas. Kyoto es relativamente plana y tiene muchas zonas preparadas para ciclistas, lo que permite moverse de forma ágil entre templos y barrios sin depender del transporte público. 

Qué hacer en Kyoto
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Día 1
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Llegamos sobre las dos de la tarde a Kyoto así que después de dejar las maletas en el hotel y esperar a que parara de llover decidimos visitar el santuario de Fushimi Inari.

El santuario de Fushimi Inari Taisha es uno de los más importantes de Japón y un punto central de peregrinación desde hace más de 1.300 años. Está dedicado a Inari Ōkami, la deidad del arroz, la fertilidad y la prosperidad, símbolos esenciales en una sociedad históricamente agrícola. Por eso, empresas y familias continúan hoy en día ofreciendo torii(arcos rojos) al santuario como muestra de gratitud o para pedir prosperidad en los negocios. Los **zorros (kitsune)****,**presentes en todo el recinto en forma de estatuas, son considerados mensajeros de Inari y a menudo aparecen con llaves de arroz o joyas sagradas entre los dientes.

La ruta comienza en el santuario principal (Honden), donde los visitantes se purifican en las fuentes y rezan. A continuación, se accede al tramo más famoso: el túnel de los Sembon Torii, literalmente “mil torii”. Estos arcos, donados por particulares y empresas, forman un pasillo único y muy fotogénico, aunque también es la zona más concurrida. Justo en este tramo hay un desvío señalizado que permite apartarse de la ruta principal y subir a una pequeña colina con un bosque de bambú muy bonito y tranquilo.

Deshacemos el camino del bosque de bambú para volver al sendero de los torii. Un poco más adelante se llega a una intersección: aquí se puede elegir entre regresar a la entrada o continuar el ascenso hasta la cima del monte Inari. La mayoría de visitantes suelen darse la vuelta después de los Sembon Torii, por lo que a partir de este punto el camino se vuelve mucho más tranquilo.

Nosotros decidimos continuar y recorrimos la zona intermedia de subida hasta llegar al mirador de Yotsutsuji, que se encuentra aproximadamente a unos 30–40 minutos de caminata desde el final del tramo de los Sembon Torii. Desde aquí las vistas sobre la ciudad son espectaculares y es el lugar ideal para descansar antes de decidir si seguir hasta la cima o iniciar el descenso.

A tener en cuenta
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La ruta completa hasta la cima del monte Inari tiene unos 4 km en total (ida y vuelta) y se suele hacer en 2–3 horas porque hay muchas paradas y desvíos. Nosotros estuvimos allí algo más de dos horas y no nos dio tiempo a hacer toda la ruta circular. También hay que tener en cuenta que poco después de las siete de la tarde se puso el sol y decidimos regresar.

Día 2
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El día amaneció lluvioso, así que cambiamos templos por un plan bajo techo: el Museo del Ferrocarril de Kyoto. Este museo es enorme y muy interactivo: expone locomotoras de vapor, antiguos trenes bala (shinkansen), explicaciones de por qué se diseñaron con esa forma y maquetas que reproducen líneas ferroviarias japonesas. Lo mejor es que se puede pasar fácilmente medio día explorándolo, e incluso comer en su cafetería con vistas directas a los trenes que llegan y salen de la estación de Kyoto. Este museo es ideal tanto para familias como para aficionados al mundo ferroviario.

Este museo no tiene nada que envidiar a la Cité du Train de Mulhouse (Alsacia), considerado el museo ferroviario más grande de Europa. La visita en Kyoto termina en unas cocheras donde se encuentra la famosa locomotora azul Thomas the Tank Engine, protagonista de los libros y la serie infantil Thomas and Friends.

Por la tarde, volvimos a la estación de Kyoto, un edificio futurista que es a la vez centro comercial y punto neurálgico de transporte. Allí vimos el espectáculo de luces en las escaleras principales, un juego de colores y formas que cambia con las estaciones del año. Un plan gratuito y sorprendente que merece la pena incluir en la visita.

Además, los subterráneos de la estación de Kyoto están llenos de tiendas de todo tipo, así como restaurantes y bares. Este centro comercial es conocido como “The Cube”. También existe otra zona comercial bajo la terminal de buses del lado de Karasuma— y conectado al metro. Esta zona comercial es conocida como “Porta”. Una forma fácil de acceder es desde la fachada norte (Karasuma) de la estación, puedes acceder a Porta bajando por unas escaleras o escaleras mecánicas que te llevan directamente a esta zona subterránea. Es un lugar ideal para cenar, comer, tomar algo o comprar comida para llevar.

Día 3
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Nos levantamos temprano para visitar el templo de Kiyomizudera, uno de los más emblemáticos de Kioto y Patrimonio de la Humanidad. Empezamos nuestra ruta de este día en Kiyomizudera porque es el templo que abre antes y llegando pronto por la mañana se pueden evitar aglomeraciones y calor. Conviene tener en cuenta que en verano los templos suelen cerrar alrededor de las 17:00 horas**.**

Kiyomizudera fue fundado en el siglo VIII y reconstruido en el XVII, destaca por su gran terraza de madera con vistas panorámicas de la ciudad. Dentro del recinto se pueden explorar la pagoda de tres pisos o el santuario Jishu (dedicado al amor). Desde el templo principal se puede seguir un camino que baja por el bosque hasta una pagoda lejana (Koyasu Pagoda), un rincón muy bonito rodeado de naturaleza.

Después tomamos el transporte público y nos dirigimos a tres templos cercanos entre sí, accesibles a pie y situados también en el barrio de Higashiyama, al este de Kioto:

  • Eikando (Zenrin-ji)
    Fundado en el año 853, originalmente como templo Shingon, pasó a formar parte de la escuela Jōdo. Es famoso por la estatua Mikaeri Amida (Amida con la cabeza vuelta hacia atrás), símbolo de compasión. Cuenta con jardines conectados por pasillos cubiertos y en otoño ofrece uno de los espectáculos más impresionantes de colores en la ciudad, con iluminaciones nocturnas.
  • Nanzen-ji
    Este gran complejo zen de la escuela Rinzai fue fundado en 1291 por el emperador Kameyama. Destacan la monumental puerta Sanmon, que permite subir a lo alto para disfrutar de vistas panorámicas, los jardines del Hōjō (residencia del abad), clasificados como Paisaje Escénico Nacional, y el sorprendente acueducto Suirokaku, de ladrillo rojo, construido en la era Meiji. Parte de los jardines son de acceso libre, aunque se paga entrada a los edificios principales.
  • Tenju-an
    Este pequeño subtemplo de Nanzenji está justo al sur de la gran puerta Sanmon y tiene entrada aparte. Sus dos jardines, uno seco al estilo zen y otro con estanque y bambú, son preciosos.

Una vez visitados los templos, existe también la opción popular de caminar por el Camino del Filósofo (Tetsugaku no Michi), un sendero junto a un canal bordeado de cerezos que conecta Ginkakuji con Nanzenji, pasando cerca de Eikando. En primavera es especialmente hermoso, aunque nosotros no lo hicimos por el calor del verano.

Curiosidad
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Muchos templos de Kioto se encuentran en las laderas de las montañas y en zonas boscosas porque, tanto en el budismo como en el sintoísmo, la naturaleza tiene un papel espiritual fundamental. Estar cerca del bosque y del agua permitía crear espacios de calma para la meditación y, al mismo tiempo, alejaba los templos del bullicio de la ciudad y de los incendios frecuentes en la antigua Kioto.

Día 4
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Por la mañana nos vamos a la zona de Kita-ku (distrito norte) para visitar el Kinkakuji (Pabellón Dorado), uno de los templos más fotografiados de Kioto. Su estructura recubierta de pan de oro refleja la luz sobre el estanque Kyōko-chi, creando una de las postales más icónicas de Japón. Originalmente fue la villa de descanso del shōgun Ashikaga Yoshimitsu en el siglo XIV, y tras su muerte se convirtió en templo zen. El recorrido por el recinto es breve: en unos 30–45 minutos se ve completo. Conviene visitar este templo a primera hora, ya que es muy visitado y se llena de visitantes rápidamente.

Después tomamos el autobús para dirigirnos al Nishiki Market, conocido como “la cocina de Kioto”. Este mercado cubierto es un pasillo repleto de puestos que venden productos locales: encurtidos (tsukemono), té verde, tofu fresco, dulces tradicionales y platos listos para comer al momento. Aquí aprovechamos para almorzar probando distintos productos típicos, una experiencia muy recomendable para quienes quieran acercarse a la gastronomía local.

Por la tarde continuamos explorando la zona comercial cercana al mercado, en particular dos calles cubiertas muy populares: Shinkyogoku Shopping Street y Teramachi Shopping Street.

Día 5
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El último día lo dedicamos a explorar Gion, el barrio más tradicional de Kioto. Sus calles empedradas y casas de té de madera transmiten la esencia del Japón clásico. La calle Hanamikoji es la más famosa, y pasear por ella al atardecer, con las linternas encendidas, es como viajar en el tiempo. Con algo de suerte se puede ver a una maiko (aprendiz de geisha) de camino a sus citas, aunque siempre hay que recordar ser respetuoso y no interrumpir su paso.

Además de Gion, hay otras muchas visitas recomendables en Kioto, por ejemplo:

  • Parque temático Toei Kyoto Studio Park. Allí se ruedan dramas históricos japoneses y se pueden ver espectáculos de samuráis y ninjas.
  • Castillo de Nijo. Fue la antigua residencia de los shōguns Tokugawa. Si váis a visitar Himeji o el castillo de Osaka quizá no sea la mejor opcion, por no repetir muchos castillos.
  • Excursión al Lago Biwa, el mayor lago de Japón, a poca distancia de Kioto.
  • Excursión de un día a Himeji.

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